Miami: mis primeras impresiones

He empezado una beca de prácticas en la zona de Miami. En breve se cumple un mes desde que llegué a Estados Unidos y llevo un tiempo pensando en escribir una entrada con mis impresiones y algunos consejos por si a alguien se le ocurre pasar por estos lares. Es probable que escriba varias entradas de este tipo y estas no estarán relacionadas con la Biblioteconomía y la Documentación, aunque eventualmente hablaré del sistema de bibliotecas públicas de Miami-Dade.

Miami

Miami se encuentra al sur del estado de Florida, que, conocido como el “sunshine state” (estado soleado), está ubicado en una península al sureste de Estados Unidos. Ponce de León fue el primero en llegar hasta él y quien le puso ese nombre, al parecer porque llegó durante la época de la “Pascua florida”.

Florida tiene un clima subtropical, salvo por el sur, que tiene un clima tropical. El verano en Miami es la estación de lluvias y, a veces, de huracanes aunque de momento llevan 7 años sin uno. La época ideal para venir es realmente el invierno pero a mí me ha tocado venir los meses más calurosos y húmedos.

Los primeros días que vine me alojé en Miami Beach que es algo así como una isla conectada por varios puentes a la ciudad de Miami. La zona sur, South Beach o si quieres parecer un local “SoBe”, tiene todo lo que viene buscando un turista: playas, tiendas, restaurantes, clubs de moda… Además está todo a una distancia razonable para ir a pie y es bastante seguro. Allí era donde quería quedarme pero los alquileres son tremendamente caros. Por eso finalmente me he quedado en Miami, en otra zona de moda: Brickell. Los alquileres son caros, no nos engañemos, pero al menos con el mismo dinero por el que en Miami Beach tendrías un zulo compartido con 3 personas y un perro aquí tienes una habitación decente para ti solo. Está próximo al distrito financiero pero también al Downtown (centro de la ciudad).

Para buscar piso compartido aquí se lleva utilizar Craiglist. Lo cual quiere decir que o tienes suerte o tienes que aguantar a mucha gente raruna antes de encontrar un sitio decente donde quedarte. Para alguien que viene poco tiempo no compensa buscar a través de un agente inmobiliario porque normalmente los pisos en alquiler no están amueblados y dar de alta los suministros cuesta bastante dinero.

Como no tengo coche dependo enteramente del transporte público. Ya me habían advertido antes de llegar que el transporte público en Estados Unidos no se parece en nada al europeo. No exageraban, salvo en unas pocas líneas, los buses pasan cuando quieren y si pierdes el que te viene bien dependiendo de la línea tendrás que esperar entre treinta minutos y una hora. El dinero para el autobús (2$ en las líneas normales) tienes que tenerlo justo o comprarte una tarjeta con la que pagar (EasyCard), porque los conductores no llevan cambio. El dinero se introduce en una ranura y ya.

El metromover es gratuito y está bien para recorrer Miami. Aunque lo veo más pensado para turistas o para gente a la que no le gusta caminar porque realmente tiene un recorrido corto que se puede hacer a pie. De momento no he tenido que vérmelas con el metrorail.

Es bastante obvio que aquí no gusta caminar, hasta los bancos tienen ventanillas para atenderte desde el coche. Las carreteras son muy amplias y esperar a que el semáforo te deje pasar puede llevar una eternidad. Aún así tendrás que mirar bien porque habrá muchos que se lo salten. Con razón esta es la tercera ciudad con más atropellos de Estados Unidos. Las aceras están mal asfaltadas y cuando llueve se inundan hasta el punto de que llevas el agua por los tobillos.

Brickell Ave

Al principio orientarse en Miami me parecía un poco difícil porque es mucho más amplio que Miami Beach pero la verdad es que es más sencillo de lo que creía. Miami se divide en cuatro cuadrantes: noroeste, nordeste, suroeste y sureste. Flager Street separa el norte del sur, Miami Avenue separa el este del oeste. Todo lo que no lleve el nombre “Street” va siempre de este a oeste y casi todo lo que no de norte a sur.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que aquí todo es más caro. Olvidaos de “el dólar vale menos que el euro”. Da igual, no ganas con el cambio. Me habían dicho que aquí la ropa de marca era “más barata” que en España. Puede que sea algo menos cara, pero utilizar la palabra “barata” como que no… Los complementos de material de mala calidad son caros: unos zapatos tipo Primark te los pueden intentar colar por 20 dólares o más así que te compensa irte a lo que aquí es de “precio medio” y tiene algo más de calidad.

La comida natural de buena calidad es muy cara. Por el precio por el que te compras varios paquetes de comida precocinada (fritanga básicamente) igual tienes una bandeja de filetes de pollo pequeña. En mi caso, por cuestiones de salud, no puedo comprarme cosas poco saludables para comer siempre pero no me extraña que la gente tienda más a eso porque es fácil y barato.

La comida viene en packs familiares. Lo cual quiere decir que cuando me compré un paquete de fiambre, me lo tuve que tomar para comer, cenar y hasta desayunar para que no se pusiese malo. No hace falta decir que no voy a comprar fiambre en una temporada.

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Un comentario en “Miami: mis primeras impresiones

  1. Yo creo que lo peor de irse fuera tiene que ser acostumbrase a ese tipo de cosas, puede parecer tontería pero después de toda una vida… Yo adoro el transporte público de aquí, en esa situación me desesperaría!

    Mucha suerte y ánimo. Seguiré tus posts aventureros 😉

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