El Archivo Arqueológico del Museo de Londres

A principios de Febrero visité el London Archaeological Archive and Research Centre. El archivo que se encuentra en Hackney ofrece tours el primer y el tercer sábado de cada mes que cuestan 5 libras por persona.

Mortimer Wheeler House by Oxyman

Mortimer Wheeler House (Oxyman) / CC BY-SA 2.0

El LAARC es el archivo arqueológico más grande del mundo y pertenece al Departamento de Arqueología del Museo de Londres. Si alguien tiene planes de una visita a Londres próximamente y todavía no lo conoce, el museo está muy próximo a la Catedral de St. Paul y es gratuito. Mi parte favorita es la dedicada a la época romana, que incluye en su exposición un guiño a los Monty Phyton con una grafitti a la entrada de la exposición que dice “Romans go home”.

En el archivo se pueden encontrar objetos y documentación sobre casi 8500 excavaciones arqueológicas ordenadas cronológicamente. Como explican en su página web, el archivo es un recurso importante para la Arqueología dado que esta es un proceso destructivo. Desenterrar un depósito supone eliminar otro. Mientras que un experimento científico puede repetirse, un yacimiento arqueológico no se puede volver a excavar. Por esta razón y para permitir que otras personas estudien el mismo yacimiento, se documentan al máximo las excavaciones previas.

Las personas que dan el tour no se detienen en aspectos técnicos, simplemente intentan dar una idea general de lo que se hace en el archivo a los visitantes. Aun así me pareció una visita que mereció la pena.

Durante la visita nos enseñaron las áreas de trabajo de los investigadores, donde tratan los objetos que acaban de llegar, y posteriormente el archivo en sí mismo y algunos objetos curiosos como zapatos romanos encontrados casi en perfecto estado en el Támesis, una caja de agujas, un pequeño artilugio para rizarse el pelo…

Me gustaría destacar que el archivo abre anualmente una serie de plazas para ser voluntario en él durante un par de semanas. Una está dirigida a personas que tengan interés en una carrera en Archivística y consiste en catalogación y conservación de objetos. Los periodos de para enviar solicitudes y la información sobre el proceso están en su página web.

¿Y tú de qué eres? ¿Archivos o bibliotecas?

No creo que sea la única a la que le parece que todo el mundo en la carrera tira más hacia uno u otro.

Mi interés en solicitar ese traslado estriba en el deseo de abandonar ya el servicio en archivos de delegación de Hacienda, donde llevo prestándolo cerca de ocho, obligada por exigencias de residencia, pero siempre con el natural desagrado por tratarse de establecimientos en los que la índole puramente administrativa de los fondos hace que sea nulo el entusiasmo por el trabajo

Por este extracto de una carta que se ha publicado en el artículo Los bibliotecarios no olvidan a María Moliner (lectura recomendada) diría que ella era más de bibliotecas.

La “buena voluntad” del archivero

Nos han pedido en clase que recojamos noticias para la asignatura de Ética de la Información y la Documentación, que estén relacionadas con un tema de la misma. Entre las que elegí está “Defensa levanta el velo de la historia” que se publicó el pasado día 5 de Diciembre en El País, uno de los periódicos con mayor difusión en España.

La noticia habla de la desclasificación de documentos que datan de 1936 a 1968 y lo que más me ha llamado la atención ha sido lo siguiente que cito textualmente:

En España no existe, como en la mayoría de los países occidentales, un mecanismo periódico de revisión y desclasificación de documentos, por lo que el sello de secreto se convierte en un cerrojazo casi perpetuo. El reglamento de la preconstitucional Ley de Secretos Oficiales, de 1968, preveía que las mismas autoridades (militares) que podían clasificar documentos determinaran su reclasificación o desclasificación, “a los efectos de evitar la acumulación excesiva de material calificado”. Esta previsión nunca se ha puesto en práctica, lo que ha producido la anunciada acumulación.

Se da la circunstancia de que los informes secretos están depositados en archivos militares, cuya principal función, además de la propia conservación de los documentos, es facilitar su libre acceso y consulta por parte de ciudadanos e investigadores, según la Ley del Patrimonio Histórico Español. En la práctica, la posibilidad de consultar estos documentos depende de la buena voluntad de los responsables de los archivos, lo que da lugar a una notable inseguridad jurídica, cuando no arbitrariedad. Además, muchos documentos no están clasificados uno a uno, sino de modo genérico, lo que añade incertidumbre.

Lo que comentamos en clase fue: 1) El hecho de que no se hayan desclasificado hasta ahora y que no haya un mecanismo de revisión, 2) La imagen que se da en el artículo de los profesionales de los archivos.

Todos coincidimos en que que se diga en un periódico con tanta difusión que el acceso de los usuarios a cierta información depende de la “buena voluntad” del archivero da bastante vergüenza.

La presencia de los nuevos profesionales en las redes sociales

La semana pasada Annoyed Librarian habló de los “hipster librarians”. Algo así como los “bibliotecarios modernos”. Usa la palabra “modernos” como lo hacen ciertas páginas de Facebook que estuvieron de moda un tiempo (“Modernos que escuchan grupos que todavía no existen” o “Modernos que salen contentos del oculista porque ya pueden usar gafas pasta“), con cierto tono despectivo.

Se refiere a todos aquellos con presencia en las redes sociales, especialmente a los nuevos profesionales. Nos cuenta que se alegra de que no hubiese redes sociales cuando estaba en la universidad y que cree que los que entran en el mundo de la Library Science también deberían evitar compartir “toda su vida y opiniones” a través de ellas porque:

“Lo que sea que vayas a decir va a molestar a alguien, puede que ese alguien esté contratando, así que compensa ser cuidadoso.”

Recomienda crear a un personaje que quieras mostrar a los demás, pensando en lo que quieren ver otros bibliotecarios o gente que te vaya a contratar. Dice que si eres capaz de escribir rápido, tener un blog puede estar bien aunque es un trabajo duro mantenerlo actualizado (doy fe de ello) y si no lo mejor es optar por Twitter. También recomienda cerrar a cal y canto el perfil de Facebook y restringir los contactos profesionales sólo a Linkedin y Twitter, algo con lo que estoy bastante de acuerdo.

“Lo más importante a recordar es que este no eres . Puede que esté basado en ti o en tus intereses, pero no eres tú. No es real. Es un personaje que estás interpretando para el mundo bibliotecario. La gente que no te conoce no se preocupa realmente por tus intereses personales, si escribes sobre ellos la gente leerá sólo para ver si eres un raro, y eso es algo que deberías guardarte para ti mismo.

Mi consejo es, no te expongas. Preséntale a la gente la cara que les va a gustar y finge que estás exponiéndote. Antes de expresarte públicamente, pregúntate si este es el tipo de cosa que quieres que otros bibliotecarios asocien con tu nombre. Si eres listo, puedes sacarlo adelante. Si no lo eres, entonces busca otra línea de trabajo.”

(Las negritas son mías.)

Creo que tiene bastante sentido pero me hace gracia cómo lo expone y sobre todo que los (¿nos?) etiquete como “hipster librarians”.

Es un tema que me interesa y del que me gustaría conocer vuestra opinión. ¿Qué pensáis de la presencia en redes sociales de los nuevos/futuros profesionales? ¿Estáis de acuerdo con Annoyed Librarian o no? ¿Aportaríais algo más?

Precisamente también el blog de la agencia Sue Hill, una ETT británica para servicios bibliotecarios, hablaba de la moda de hacer CVs en video y colgarlos en YouTube. Opinan que presenta a los candidatos como “carne fresca” además de ser algo excesivamente preparado, que no muestra a la persona tal como es.

Y vosotros ¿Estáis de acuerdo? ¿Hay alguien ahí leyéndome? 😛